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quinta-feira, 17 de novembro de 2011

Nuevas evidencias del Plan Cóndor en Brasil

Un dossier secreto obtenido por Página/12 demuestra el nivel de colaboración que existía entre las dictaduras de Brasil y Argentina, algo que en este país se da por descontado, pero que en Brasil aún genera debate.

Por Darío Pignotti

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Los servicios de Argentina y Brasil compartieron información sobre el poeta Juan Gelman.


Desde Brasilia

Cientos de documentos secretos a los que tuvo acceso este diario indican que los lazos que unían a Brasil y Argentina en el Plan Cóndor fueron intensos y continuos por lo menos desde 1975, y con cierta frecuencia antes de ello. La colaboración entre los militares argentinos y brasileños no se limitó al plano operativo. Además de facilitar informaciones o desplegando agentes para dar caza a la resistencia en ambos países, también existió una estrecha colaboración en el plano diplomático. Según muestran los documentos, una parte importante de los diplomáticos brasileños en Sudamérica reportaban al CIEX, una red de inteligencia formada en el Palacio Itamaraty en la segunda mitad de los años ’60 por Manoel Pio, quien llegó a ser secretario general de la Cancillería y a fines de los ’60 se de-sempeñó como embajador en Buenos Aires. Lo sucedió Francisco Azeredo da Silveira, “un hombre que avaló los secuestros de brasileños en Buenos Aires en los ’70”, afirmo Jarbas Silva Marques, el prisionero político que purgó más años en las cárceles de la dictadura brasileña.

En los archivos de la inteligencia brasileña hay informes sobre las actividades del escritor Juan Gelman en Roma y sobre un viaje que al parecer realizó a Madrid “junto a Bidegain, Bonasso M. y otros dirigentes... el 17 de junio de 1978”, reza el despacho incluido en un dossier del Estado Mayor del Ejército de Brasil, caratulado “Movimiento Peronista Montonero en el exterior, Accionar, Contactos, Conexiones con Grupos Terroristas, Antecedentes”. El documento recoge la información que los servicios de inteligencia argentinos les pasaron a sus colegas brasileños. En el dossier del Ejército brasileño también hay detalles sobre las tareas de los exiliados argentinos en México para lograr el exilio del ex presidente Héctor Cámpora, recluido en Buenos Aires, así como datos sobre un encuentro en Beirut, el 21 de junio de 1978, entre “jefes del Ejército Peronista Montoneros (con) los servicios especializados de la resistencia palestina”.

El dossier no contiene grandes revelaciones sobre los Montoneros, pero demuestra el nivel de colaboración que existía entre ambas dictaduras, algo que en la Argentina se da por descontado, pero que en Brasil aún genera debate.

“En Brasil está instalada la idea de que no hubo participación o si la hubo fue secundaria y esto es completamente ajeno a la realidad. Brasil no sólo participó sino que fue una pieza importe dentro del Cóndor”, señala Jair Krischke, titular del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos brasileño, que sigue el rastro del Cóndor verdeamarillo desde hace tres décadas. “En Brasil se conoce poco y se oculta mucho, gracias a que se impidió que la Justicia investigue. Aquí todavía tenemos la Ley de Amnistía, un absurdo... y porque los militares no liberan sus archivos. Yo le diría así: quien inauguró la Operación Cóndor cuando ni siquiera se la llamaba de ese modo fue Brasil. Agentes de inteligencia brasileños secuestraron a militantes brasileños en Argentina al principio de la década del ’70. Luego, cuando el Cóndor es formalizado en Chile, por Contreras y su gente, los militares brasileños siempre tuvieron la cautela de no dejar huellas en esa coordinación, pero estaban.”

“Supe que fui espiado hasta por la Stasi (policía política de Alemania Oriental), pero ignoraba que mi nombre estaba en los archivos de la dictadura brasileña, como usted está informándome ahora”, dice Gelman desde México, al comienzo de la conversación telefónica. Más adelante, luego de conocer otras informaciones ocultas durante décadas en los armarios de Brasilia, Gelman pondera: “En fin, la verdad es que no parece ser tan asombroso que mi nombre figure en los documentos brasileños citados por usted, porque hubo montoneros importantes secuestrados allá, Horacio Campliglia fue uno”. Se refería al guerrillero desaparecido luego de ser capturado en marzo de 1980 por agentes de ambos países en el Aeropuerto del Galeao, Río de Janeiro, para posteriormente ser trasladado a la mazmorra de Campo de Mayo.

Otras comunicaciones reservadas, éstas procedentes de la embajada en Roma, hablan de las actividades desarrolladas por religiosos brasileños ante organismos internacionales de derechos humanos, gestiones que contaban con el aval de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, en el seno de la cual hubo cardenales como Paulo Evaristo Arns, quien acogió refugiados argentinos en San Pablo.

Se observa en los despachos elaborados por diplomáticos y agentes del Cóndor brasileño una preocupación recurrente con los religiosos ligados a la Teología de la Liberación, tanto por las presiones que ésta realizaba en el Vaticano como por el supuesto “financiamiento internacional” que recibían las comunidades eclesiales radicadas en zonas rurales donde actuaba la guerrilla del Partido Comunista de Brasil.

La obsesión sobre los efectos “subversivos” de los curas “tercermundistas” reaparece en una ficha donde está escrito que los “Montoneros son la única organización guerrillera que tienen en su seno, de forma oficial, a sacerdotes con rango de capellanes”.

Más adelante el mismo texto, por momentos borroso, trae informaciones del cura argentino Jorge Adur, quien ostentaba “el grado de capitán del Ejército Montonero... organización que en julio del ’78 envió una notificación al Vaticano sobre su designación”.

El reporte, con sello del Ejército brasileño y presuntamente escrito por los servicios argentinos, está fechado en septiembre de 1978, casi dos años antes de la desaparición de Adur, ocurrida en junio de 1980, poco después de haber sido visto en el estado de Rio Grande do Sul, hasta donde viajó para presentar denuncias ante la comitiva del papa Juan Pablo II.

Un despacho “confidencial”, generado por el Servicio Nacional de Informaciones (SNI) y el Ministerio del Ejército, aborda la presencia “de terroristas del ERP y Montoneros en Brasil”, divaga sobre los motivos de la “infiltración” argentina y ordena a los miembros de las fuerzas armadas y la policía que redoblen esfuerzos para capturarlos.

Y en otro escrito reservado, del 4 de abril del ’78, el SIN, máximo organismo de espionaje subordinado directamente a la presidencia argentina, indica que los Montoneros “volverían a intensificar sus operaciones (en Argentina) durante la realización de la Copa del Mundo, buscando afectar entidades gubernamentales e interferir en las estaciones de radio y televisión”.

El balance provisorio surgido de la lectura de los telegramas e informes reservados obtenidos por Página/12 es que el aparato represivo de los dictadores, particularmente de Ernesto Geisel (gobernó entre 1974 y 1979) y Joao Baptista Figueireido (1979-1985), tipificaba a la guerrilla argentina como una amenaza a la “seguridad nacional” brasileña (tal como consigna textualmente en algunos mensajes).

Algunas de las primeras acciones terroristas binacionales habrían ocurrido en Buenos Aires, en 1970 y 1971, cuando en dos operativos coordinados con Brasil fueron secuestrados, primero, el ex coronel nacionalista Jefferson Cardim y más tarde el guerrillero Edmur Pericles Camargo, hasta hoy desaparecido. Según un telegrama fechado en Buenos Aires en 1971, obtenido por este diario en el Archivo Nacional de Brasilia, la captura de Pericles Camargo fue monitoreada por la embajada brasileña, cuyo titular era Antonio Francisco Azeredo da Silveira.

“En el Archivo del Terror paraguayo estaba guardado un telegrama llegado desde Brasil hablando sobre la coordinación con Argentina y los raptos en 1980. Eso lo descubrió Stella Calloni, autora de un gran trabajo sobre el Cóndor”, apunta el Premio Nobel de la Paz alternativo Martín Almada.

La estrategia de espiar, informar, capturar y eventualmente eliminar extranjeros en Brasil, y connacionales en el exterior, fue aplicada sistemáticamente por el aparto militar-diplomático montado poco después del golpe contra el presidente democrático Joao Goulart, en 1964, sostiene Almada.

“Los brasileños veían a los demás países del cono sur como su patio trasero, y lo querían disciplinado dentro de su plan de guerra al comunismo, y en función de ella secuestraron y asesinaron a disidentes paraguayos a pedido de (Alfredo) Stroessner, que les retribuyó haciendo igual, colaborando en la persecución de brasileños en Paraguay. He visto varios telegramas venidos de Brasil pidiendo la captura de Carlos Maringhela (líder guerrillero). Brasil fue bien disimulado, trabajó con eficacia, sin dejar huellas dentro del Cóndor, se articuló mucho con las dictaduras de Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia. Es lógico que debe haber bastante por descubrir sobre su colaboración con Argentina”, declaró Almada a Página/12. “Nos falta descubrir mucho, espero que esta Comisión de la Verdad lo haga. Creo que hay voluntad de hacerlo, la presidenta Dilma Rousseff mostró coraje impulsándola, los brasileños son responsables de lo que yo llamo Pre Cóndor, y de eso no se sabe casi nada”, señaló Almada.

plan-condor.jpgCiertamente, el know how de la coordinación represiva no surgió en noviembre de 1975, con la formalización del Cóndor durante la cumbre secreta de las bandas represivas estatales sudamericanas en Santiago, Chile, encabezada por el coronel Manuel Contreras.
fonte: www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

domingo, 2 de outubro de 2011

Verdade e Justiça para Quem?

fonte: http://www.brasildefato.com.br/node/6877

Verdade e Justiça para Quem
Análise
A Comissão da Verdade e Justiça não pode, pois, ter medo de dizer que possui o direito e o dever de revisar a história.



19/07/2011

Coletivo político Quem



“Quem sabe se não me cabe, mesmo, o papel desagradável de remexer nas cinzas e de levar até o fim o combate à ditadura, para que ela seja exterminada em seu último e surpreendente refúgio, o da 'transição democrática'?". Quem sabe! Essa desagradável tarefa não é apenas a do sociólogo Florestan Fernandes, mas é a tarefa de Quem.

A ideia da reconciliação nacional aparece dentre os objetivos do projeto de lei que cria a Comissão Nacional da Verdade, sendo substituída pela expressão consolidação da democracia na importantíssima emenda que será proposta pela deputada Luíza Erundina. No entanto, as duas redações não apontam para o horizonte político que deve envolver o debate sobre a Comissão da Verdade e Justiça por sustentarem uma mistificação: a de que já haveria no Brasil uma verdadeira democracia, para cuja completa consolidação apenas alguns passos faltariam.

Quem quer combater a ditadura e o que resta dela precisa ter coragem para colocar em questão o mito da democracia brasileira. Não nos enganemos, advertia Florestan Fernandes, "a democracia burguesa é, em si e por si mesma, uma mistificação: em nome da liberdade, ela cassa a liberdade dos trabalhadores; em nome da igualdade dos cidadãos, impõe a supremacia social da burguesia; em nome da representação, consagra o monopólio do poder pelas elites dirigentes das classes dominantes".

Afinal, Quem diz que a democracia já é uma realidade sugere que o futuro chegou, que o bonde da história estacionou em sua parada final: a democracia brasileira. Mas isso só pode interessar a Quem quer abafar o clamor expectante daqueles setores oprimidos da sociedade civil que, desde a década de 1930, ampliavam seu coro por uma revolução brasileira. Se a ditadura civil-militar veio para garantir o fracasso de uma tentativa de reestruturar o regime de produção sobre novas bases, a democracia que a sucedeu não passa da mais bem acabada forma de realização deste mesmo objetivo. Quem são esses que nunca deixaram o poder, e que negociaram entre si a reconciliação? Quem torturou, Quem matou, Quem ocultou cadáveres? A consolidação deste tipo de regime democrático interessa a Quem.

A fim de que as atrocidades cometidas no passado não se repitam, é essencial a criação de uma Comissão da Verdade e Justiça. O mínimo que se espera deste trabalho é que ele seja capaz de, por um lado, averiguar as violações de direitos humanos e apurar as responsabilidades dos perpetradores de crimes de lesa-humanidade e, por outro, desvelar a cadeia de repressão e a imbricada máquina de destruição arquitetada pelo regime autoritário. Mas há um outro passo ainda mais fundamental.

Para além de discutir a violação dos direitos humanos, a Comissão deve resgatar a memória dos afetados como sujeitos históricos portadores de projetos políticos, e, sobretudo, explicitar a complexa rede de interesses de classe então existentes. Se é preciso dizer claramente Quem torturou, também devemos dar nome a Quem publicou e continua publicando jornais que colaboraram com o regime, que emprestaram seus carros para levar presos políticos a celas de tortura. Deve ser dito Quem matou, mas também Quem governou e continua governando. É preciso dizer Quem ocultou cadáveres, mas também Quem lucrou e continua lucrando com a manutenção da ordem econômica garantida no passado pelo chumbo das Forças Armadas e, no presente, pelas balas verdadeiras ou de borracha de uma polícia, não por acaso, militar.

A Comissão da Verdade e Justiça deve ser capaz de exigir o deslocamento da discussão dos efeitos para a causa, da tortura para a vontade que a motiva, dos direitos humanos para a estrutura do Estado e da sociedade. Quem silencia um discurso não o faz somente escondendo da sociedade documentos oficiais, eternamente sigilosos. Toda censura exige a ção de uma nova versão dos fatos que finge desvelar uma verdade, porque não há melhor mordaça do que a cooptação da testemunha. A Comissão da Verdade e Justiça não pode, pois, ter medo de dizer que possui o direito e o dever de revisar a história.

A verdade não repousa nos fatos à espera da sua pacífica descoberta; tampouco a história é o tempo do desvelamento progressivo da verdade. Verdade e história não são nada além do dito de Quem ganha uma luta: a luta de classes.

quinta-feira, 26 de maio de 2011

equestrador tenta, de novo, condenar jornalista

Irno, ex-agente do DOPS gaúcho e seqüestrador de Lílian Celiberti, tenta hoje (quarta,25/05) recurso na Justiça para condenar testemunha da Operação Condor em 1978 em Porto Alegre.
O inspetor aposentado do DOPS gaúcho João Augusto da Rosa, codinome ‘Irno’, um dos seqüestradores em Porto Alegre dos uruguaios Universindo Díaz, Lílian Celiberti e seus dois filhos, Camilo e Francesca, tenta hoje (quarta, 25) um recurso na Justiça gaúcha para condenar o jornalista Luiz Cláudio Cunha.

Então chefe da sucursal da revista Veja na capital gaúcha, Cunha foi testemunha involuntária do sequestro, praticado em novembro de 1978, numa ação combinada de forças militares do Exército uruguaio e de policiais do DOPS do Rio Grande do Sul no âmbito da ‘Operação Condor’, organização clandestina integrada pela repressão das seis ditaduras do Cone Sul na década de 1970.

A desembargadora Marilena Bonzanini, da 9ª Câmara Cível do Tribunal de Justiça gaúcho, relatora do processo, julgará o recurso de Irno a partir das 14h desta quarta-feira, 25, em conjunto com outros dois desembargadores: Íris Helena Medeiros Nogueira e Leonel Pires Ohlweiler. 

O seqüestrador insiste na ação indenizatória que abriu, em 2009, contra o jornalista e a Editora L&PM que, em 2008, publicaram o livro Operação Condor: o Sequestro dos Uruguaios -- uma reportagem dos tempos da ditadura. O policial se considera injuriado pela história que o livro relembra, mas curiosamente não reagiu à cobertura de 86 semanas da revista Veja, entre novembro de 1978 e junho de 1980, com os detalhes escabrosos do sequestro praticado há 33 anos. 

A séria de reportagens rendeu à revista, em 1979, os principais troféus de jornalismo do país, incluindo o Grande Prêmio Esso. A obra da L&PM, já em segunda edição, ganhou na categoria de livro-reportagem os dois principais prêmios literários do país — o Jabuti e o Vladimir Herzog —, além de Menção Honrosa do prêmio Casa de Las Américas, de Cuba. 

MEMÓRIA DO SEQUESTRO
‘Irno’, que recebeu Cunha com uma pistola na cara no apartamento da rua Botafogo, no bairro Menino Deus, na tarde de 17 de novembro de 1978, foi reconhecido pelo jornalista e pelo fotógrafo J.B Scalco, da revista Placar, como um dos sequestradores dos uruguaios. O reconhecimento aconteceu na CPI da Assembleia Legislativa e na Justiça Federal, que condenou Irno em primeira instância. 

O agente fazia parte da equipe comandada pelo homem mais importante do aparato repressivo no sul — o delegado Pedro Seelig. Ele, o delegado Sérgio Fleury (do DOPS paulista) e o coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra (comandante do DOI-CODI da rua Tutóia em São Paulo) são os três nomes mais citados pela violência política no período da ditadura militar (1964-1985). 

Seelig, chefe direto de ‘Irno’ e do escrivão Didi Pedalada, outro seqüestrador identificado pelos jornalistas, foi mais tarde reconhecido pelos uruguaios como o chefe das sessões de tortura em Lílian e em Universindo na antiga sede do DOPS, na avenida Ipiranga, na capital gaúcha. Pela repressão uruguaia, a sessão de pancadaria no DOPS era pessoalmente executada pelo major Glauco Yanonne, do Exército uruguaio. 

O processo assinala um brutal contraste entre o Brasil e seus vizinhos do Cone Sul. Aqui, pátria da impunidade, o agente da repressão processa a testemunha de um sequestro binacional, enquanto a Argentina condena à prisão perpétua generais e presidentes militares, acusados de sequestros, desaparecimentos forçados, tortura e assassinato de aproximadamente 30 mil pessoas – incluindo bebês e crianças. Os delegados Seelig e Fleury (falecido em 1979) e o coronel Brilhante Ustra nunca foram submetidos à justiça, apesar das denúncias de tortura e violência reiteradas por ex-presos políticos e entidades de defesa dos direitos humanos. 

DERROTA EM PRIMEIRA INSTÂNCIA
A primeira tentativa de ‘Irno’ de inverter judicialmente a denúncia esbarrou na firme decisão de 6 de julho passado da juíza Cláudia Maria Hardt, da 18ª Vara Cível do Foro de Porto Alegre, que julgou improcedente a ação do seqüestrador do DOPS, que ela define como “triste episódio contado no livro... relato pertencente a um tempo ‘página infeliz da nossa história’, nas palavras do próprio Chico Buarque”. Trinta anos depois, na Justiça de Porto Alegre como testemunha de defesa de Cunha, Lílian Celiberti teve a chance — face a face, pela primeira vez após o sequestro —, de apontar João Augusto da Rosa (o ‘Irno’) como um dos seus seqüestradores. Confirmou tudo o que Cunha disse e escreveu na revista e no livro. 

A juíza Cláudia Hardt afirma, em sua sentença final: “Não há que se olvidar os abusos cometidos pelas autoridades instituídas durante o período do regime militar brasileiro. São inúmeras as compilações históricas e os relatos dos que vivenciaram a etapa em que o país esteve distanciado da democracia. Inegáveis as arbitrariedades, os excessos e as violências infligidas a muitas pessoas. Também não se pode desconsiderar as restrições impostas à imprensa naqueles momentos em que muitos dos direitos irmanados com a dignidade humana e a liberdade foram deixados de lado”.

“Com efeito”, completa a juíza Hardt, “não se tolera a possibilidade de limitar a criatividade e a liberdade de escritores que, como o autor, dissertam sobre tema delicado e ainda marcado na historiografia brasileira, sob pena de estarmos igualmente constrangendo o espírito investigativo dos repórteres e de encobrirmos informações necessárias para a fundamentação de nossa consciência crítica”.

SERVIÇO: 

Os telefones em Porto Alegre da 9ª Câmara Cível do TJ-RS, onde será julgado nesta quarta-feira (25) o processo n°70040534505, são (51) 3210-6144 ou 3210-6145. 
O PABX do Tribunal de Justiça gaúcho é (51) 3210-6000. 
O advogado do jornalista e da editora, Rogério Becker, atende no telefone (51) 3231-7366 




Publicado em: 25/05/2011
do blog tortura nunca mais (aqui)

equestrador tenta, de novo, condenar jornalista

Irno, ex-agente do DOPS gaúcho e seqüestrador de Lílian Celiberti, tenta hoje (quarta,25/05) recurso na Justiça para condenar testemunha da Operação Condor em 1978 em Porto Alegre.
O inspetor aposentado do DOPS gaúcho João Augusto da Rosa, codinome ‘Irno’, um dos seqüestradores em Porto Alegre dos uruguaios Universindo Díaz, Lílian Celiberti e seus dois filhos, Camilo e Francesca, tenta hoje (quarta, 25) um recurso na Justiça gaúcha para condenar o jornalista Luiz Cláudio Cunha.

Então chefe da sucursal da revista Veja na capital gaúcha, Cunha foi testemunha involuntária do sequestro, praticado em novembro de 1978, numa ação combinada de forças militares do Exército uruguaio e de policiais do DOPS do Rio Grande do Sul no âmbito da ‘Operação Condor’, organização clandestina integrada pela repressão das seis ditaduras do Cone Sul na década de 1970.

A desembargadora Marilena Bonzanini, da 9ª Câmara Cível do Tribunal de Justiça gaúcho, relatora do processo, julgará o recurso de Irno a partir das 14h desta quarta-feira, 25, em conjunto com outros dois desembargadores: Íris Helena Medeiros Nogueira e Leonel Pires Ohlweiler. 

O seqüestrador insiste na ação indenizatória que abriu, em 2009, contra o jornalista e a Editora L&PM que, em 2008, publicaram o livro Operação Condor: o Sequestro dos Uruguaios -- uma reportagem dos tempos da ditadura. O policial se considera injuriado pela história que o livro relembra, mas curiosamente não reagiu à cobertura de 86 semanas da revista Veja, entre novembro de 1978 e junho de 1980, com os detalhes escabrosos do sequestro praticado há 33 anos. 

A séria de reportagens rendeu à revista, em 1979, os principais troféus de jornalismo do país, incluindo o Grande Prêmio Esso. A obra da L&PM, já em segunda edição, ganhou na categoria de livro-reportagem os dois principais prêmios literários do país — o Jabuti e o Vladimir Herzog —, além de Menção Honrosa do prêmio Casa de Las Américas, de Cuba. 

MEMÓRIA DO SEQUESTRO
‘Irno’, que recebeu Cunha com uma pistola na cara no apartamento da rua Botafogo, no bairro Menino Deus, na tarde de 17 de novembro de 1978, foi reconhecido pelo jornalista e pelo fotógrafo J.B Scalco, da revista Placar, como um dos sequestradores dos uruguaios. O reconhecimento aconteceu na CPI da Assembleia Legislativa e na Justiça Federal, que condenou Irno em primeira instância. 

O agente fazia parte da equipe comandada pelo homem mais importante do aparato repressivo no sul — o delegado Pedro Seelig. Ele, o delegado Sérgio Fleury (do DOPS paulista) e o coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra (comandante do DOI-CODI da rua Tutóia em São Paulo) são os três nomes mais citados pela violência política no período da ditadura militar (1964-1985). 

Seelig, chefe direto de ‘Irno’ e do escrivão Didi Pedalada, outro seqüestrador identificado pelos jornalistas, foi mais tarde reconhecido pelos uruguaios como o chefe das sessões de tortura em Lílian e em Universindo na antiga sede do DOPS, na avenida Ipiranga, na capital gaúcha. Pela repressão uruguaia, a sessão de pancadaria no DOPS era pessoalmente executada pelo major Glauco Yanonne, do Exército uruguaio. 

O processo assinala um brutal contraste entre o Brasil e seus vizinhos do Cone Sul. Aqui, pátria da impunidade, o agente da repressão processa a testemunha de um sequestro binacional, enquanto a Argentina condena à prisão perpétua generais e presidentes militares, acusados de sequestros, desaparecimentos forçados, tortura e assassinato de aproximadamente 30 mil pessoas – incluindo bebês e crianças. Os delegados Seelig e Fleury (falecido em 1979) e o coronel Brilhante Ustra nunca foram submetidos à justiça, apesar das denúncias de tortura e violência reiteradas por ex-presos políticos e entidades de defesa dos direitos humanos. 

DERROTA EM PRIMEIRA INSTÂNCIA
A primeira tentativa de ‘Irno’ de inverter judicialmente a denúncia esbarrou na firme decisão de 6 de julho passado da juíza Cláudia Maria Hardt, da 18ª Vara Cível do Foro de Porto Alegre, que julgou improcedente a ação do seqüestrador do DOPS, que ela define como “triste episódio contado no livro... relato pertencente a um tempo ‘página infeliz da nossa história’, nas palavras do próprio Chico Buarque”. Trinta anos depois, na Justiça de Porto Alegre como testemunha de defesa de Cunha, Lílian Celiberti teve a chance — face a face, pela primeira vez após o sequestro —, de apontar João Augusto da Rosa (o ‘Irno’) como um dos seus seqüestradores. Confirmou tudo o que Cunha disse e escreveu na revista e no livro. 

A juíza Cláudia Hardt afirma, em sua sentença final: “Não há que se olvidar os abusos cometidos pelas autoridades instituídas durante o período do regime militar brasileiro. São inúmeras as compilações históricas e os relatos dos que vivenciaram a etapa em que o país esteve distanciado da democracia. Inegáveis as arbitrariedades, os excessos e as violências infligidas a muitas pessoas. Também não se pode desconsiderar as restrições impostas à imprensa naqueles momentos em que muitos dos direitos irmanados com a dignidade humana e a liberdade foram deixados de lado”.

“Com efeito”, completa a juíza Hardt, “não se tolera a possibilidade de limitar a criatividade e a liberdade de escritores que, como o autor, dissertam sobre tema delicado e ainda marcado na historiografia brasileira, sob pena de estarmos igualmente constrangendo o espírito investigativo dos repórteres e de encobrirmos informações necessárias para a fundamentação de nossa consciência crítica”.

SERVIÇO: 

Os telefones em Porto Alegre da 9ª Câmara Cível do TJ-RS, onde será julgado nesta quarta-feira (25) o processo n°70040534505, são (51) 3210-6144 ou 3210-6145. 
O PABX do Tribunal de Justiça gaúcho é (51) 3210-6000. 
O advogado do jornalista e da editora, Rogério Becker, atende no telefone (51) 3231-7366 




Publicado em: 25/05/2011
do blog tortura nunca mais (aqui)