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quarta-feira, 16 de novembro de 2011

El Presidente Santos enarbola la paz de los sepulcros

   ELN     - Voces

eln2.jpgHoy, cuando de nuevo arrecian los ataques a la paz, encabezados por el presidente Santos, es necesario dar una contundente respuesta que reafirme, para Colombia, una Salida Política al Conflicto Social y Armado que la patria padece hace más de sesenta años.

Para la clase dominante, no son suficientes seis décadas de brutal confrontación fratricida, agenciada desde el poder, y hoy, luego de inenarrables acontecimientos de guerra sucia que deja cientos de miles de muertos, heridos mutilados, desplazados, exiliados, huérfanos, viudas y pérdidas materiales incalculable, el presidente lee de nuevo la misma receta guerrerista y pacificadora.

¿Cuál es su lógica?

La oligarquía se acostumbró a gobernar, desconociendo las diferencias, pasando por encima de la ética, los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario, y descartando las salidas dialogadas a los graves problemas sociales, económicos y políticos que padece Colombia.Hijos en fin de cuentas del General Santander, los gobernantes de la oligarquía han hecho de las leyes, un instrumento maniqueo y de uso exclusivo para los dueños del poder y cuando ello no les es suficiente, recurren a la ilegalidad sin el menor reato ni vergüenza. Si alguien desconfiara de esta categórica afirmación, solo baste remontarse a las mismas épocas en que el Libertador Simón Bolívar luchó y soñó con la Gran Patria Americana.

Si se quieren retomar los acontecimientos de los últimos cien años solo baste recordar la masacre de las Bananeras, el asesinato del Dirigente Popular Jorge Eliecer Gaitán y el periodo de la llamada época de la violencia de la década del 50 del siglo anterior. El asesinato sistemático desde entonces de cientos de miles de contradictores políticos pasando por el aniquilamiento brutal de la Unión Patriótica, A luchar, El Frente Popular, por la vía del más cruel y despiadado terrorismo de Estado que se conozca en la historia colombiana, incluyendo la mal llamada Retoma del Palacio de Justicia a sangre y fuego donde murieron los magistrados.

Es decir que ni siquiera por sus propios servidores de alta dignidad, la clase dominante ha tenido consideraciones, mucho menos por las gentes del pueblo que resisten y luchan en contra de sus políticas y el orden que han establecido en defensa de sus intereses.

Las matrices de opinión de los grandes medios de información, son macabras y maniqueas, son de doble moral y cabalgan en afirmaciones conductivas, creadas para desvirtuar la naturaleza de la lucha popular e insurgente, veamos:

Toda acción del Estado o gobierno es legítima por aberrante que sea y para los funcionarios públicos sean civiles o militares que las cometen, hay toda suerte de consideraciones, prebendas y garantías y la ilegalidad campea en todas las esferas del poder.

Un insurgente es narco-terrorista, asesino y criminal, los soldados y policías son los héroes de la patria.

Los presos políticos de la insurgencia o del movimiento de masas, son terroristas y delincuentes, los militares o policías hechos prisioneros por la insurgencia en el fragor de los combates, son secuestrados.

Un ataque guerrillero contra las fuerzas armadas gubernamentales, es un crimen de lesa humanidad, un bombardeo a una fuerza insurgente, es una acción brillante, legítima y valiente de los héroes de Colombia.

Los pobladores muertos en ataques indiscriminados de las fuerzas gubernamentales, son guerrilleros vestidos de civil o cómplices de los terroristas. No existen organismos oficiales para castigar tales delitos y los denunciantes son cómplices del terrorismo y asesinados por la osadía de hacer las denuncias.

Las acciones de fuerza provenientes del campo popular, sean del movimiento de masas o la insurgencia, son terroristas y la Constitución Nacional ha sido modificada de manera sustancial para actuar bajo dichos parámetros, barriendo física o políticamente a quienes se han opuesto a ello.

Los familiares de los militares y policías, pueden llorar sus muertos, para los familiares de los insurgentes es peligroso, les es prohibido.

Estamos claros que toda esta compleja realidad, descansa sobre dos ejes que caracterizan el régimen político colombiano, unir sus intereses a los del imperialismo norteamericano y defenderlos a como de lugar, bajo el concepto guerrerista de que hay un enemigo interno enquistado en el pueblo, que debe ser destruido a sangre y fuego.

Hoy el presidente Santos, encabeza tal postura y gobierna de la mano con una casta militar privilegiada por la oligarquía, que además de amasar inmensas riquezas acumuladas en los beneficios que les deja la guerra y sus vínculos con el narcoparamilitarismo, hace parte indisoluble del poder y actúa según los intereses y la concepción guerrerista del Pentágono.

En consideración de todo lo anterior, el ELN reitera su llamado a todo el pueblo colombiano, a los sectores demócratas y progresistas de la nación, a los gobiernos, sectores progresistas y pueblos del mundo, para levantar muy alto la bandera de la Salida Política al Conflicto, que encamine los destinos de esta patria ensangrentada y en una profunda crisis social, a una paz caracterizada por la justicia y equidad social, la democracia, la soberanía y la reconciliación de todos los colombianos y no a la paz de los sepulcros, que enarbola el Presidente Santos y su gobierno.-

sábado, 12 de novembro de 2011

Santos: luz verde para la guerra sucia en Colombia

fonte: anarquismo (aqui
Como parte de una controvertida reforma a la Justicia, el gobierno de Juan Manuel Santos incluyó, a última hora, entre gallos y media noche, un artículo que “establece la presunción de que los delitos cometidos por policías y militares corresponden a actos de servicio y serán conocidos sólo por la justicia penal militar, salvo puntuales excepciones”. Según el Ministro de Defensa Pinzón, es necesario para proporcionar “mayor seguridad jurídica” (¿impunidad?) a la tropa en su guerra contrainsurgente. Aún cuando la impunidad sea altísima en Colombia, sobretodo en lo relativo a crímenes de Estado (los cuales bordean el 98%), este artículo no oculta su pretensión de volverla absoluta, haciendo aún más vulnerable de lo que ya es a la población. Debido a la polémica que esta inclusión ocasionó a última hora, el Ministro del Interior, Vargas Lleras, afirmó el viernes pasado que, finalmente, este artículo no haría parte de la reforma, sino que se presentaría como otro proyecto. Independientemente de si la ampliación del fuero militar haría parte o no de la reforma judicial, lo cierto es que lo que esta propuesta pone en el tapete es la necesidad que siente el gobierno de Santos de profundizar la guerra sucia como una manera de contener los avances de la insurgencia, cuyos ataques crecen de manera sostenida desde el 2005, pero los cuales son más evidentes desde el 2009. 
Juan Manuel Santos... "un presidente muy popular"...

Como parte de una controvertida reforma a la Justicia (que produjo un amague de choque entre el Ejecutivo con la Corte Suprema y el Consejo del Estado)[1], el gobierno de Juan Manuel Santos incluyó, a última hora, entre gallos y media noche, un artículo que “establece la presunción de que los delitos cometidos por policías y militares corresponden a actos de servicio y serán conocidos sólo por la justicia penal militar, salvo puntuales excepciones”[2]. El artículo decía textualmente “En todo caso, se presume la relación con el servicio en las operaciones militares y procedimientos de la Policía Nacional. En estas situaciones, cuando haya lugar al ejercicio de la acción penal, la misma se adelantará por la Justicia Penal Militar y Policial”. Según el Ministro de Defensa Pinzón, es necesario para proporcionar “mayor seguridad jurídica” (¿impunidad?) a la tropa en su guerra contrainsurgente. Aún cuando la impunidad sea altísima en Colombia, sobretodo en lo relativo a crímenes de Estado (los cuales bordean el 98%), este artículo no oculta su pretensión de volverla absoluta, haciendo aún más vulnerable de lo que ya es a la población.

Pese a esta elevada impunidad, la tenacidad de algunas organizaciones defensoras de derechos humanos, así como la labor de ciertos jueces independientes de carácter (la que han pagado siendo víctimas del acoso de los organismos del Estado[3], llegando algunos a ser asesinados[4]), han llevado a un número relativamente insignificante de uniformados ante los tribunales (4.280 procesos judiciales, insignificantes desde la escala de las atrocidades que se cometen en Colombia, pero significativo desde el punto de vista político[5]) por su participación en crímenes atroces, lo cual ha sido suficiente para generar pavor entre las filas castrenses. Según, el senador oficialista Roy Barreras, “además del temor de los militares de perder la vida en combate, está el temor de terminar en la cárcel tras una condena en la que la investigación y el juzgamiento la hacen civiles que desconocen el lenguaje y los procedimientos de la guerra”[6]. Mediante este sofisma, el Estado colombiano se saca su careta de “democracia asediada” y de “respeto a los derechos humanos” para mostrar, al desnudo, la necesidad que tiene de echar mano al terrorismo de Estado y a los crímenes atroces para avanzar en la guerra contrainsurgente... procedimientos que los “burros civiles” o desconocen o no aceptan de buena gana. 

A pesar a toda la retórica vacía del gobierno de Santos de que su estrategia militar se apoya en el respeto irrestricto a los derechos humanos (en parte, ingeniada para sacarse de encima el pesado bulto de los “falsos positivos” que le pena desde su época de Ministro de Defensa estrella del anterior gobierno), en palabra de sus propios ministros y parlamentarios, los derechos humanos representan un estorbo al Ejército. El respeto a los derechos humanos causa “temor” a los militares, que estarían bien empapados del lenguaje y los procedimientos de esta guerra sucia.

No es necesario aclarar en detalle las limitaciones obvias de la Justicia Penal Militar, la cual pone al ladrón a juzgar al ladrón –no hay de qué sorprenderse que los escasos procesos que han terminado en condenas de militares, sean por obra y gracia de la justicia ordinaria (casos que incluyen la desaparición de personas, la promoción de escuadrones de la muerte para violar y torturar a “sospechosos” y que incluyen el secuestro de civiles para asesinarlos y presentarlos como “guerrilleros dados de baja en combate” –o “falsos positivos”- entre otros crímenes igualmente perversos). Existen también limitaciones más específicas las cuales ya han sido suficientemente denunciadas por el parlamentario y dirigente del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), Iván Cepeda, quien aclaró que ésta no cubre temas como el narcotráfico, extorsiones, violaciones de derechos humanos, concierto para delinquir, entre otros –todos temas por lo cuales algunos uniformados hoy están compareciendo ante las cortes.[7]

Todo sería, ahora, “actos de servicio”. Como botón de muestra de lo que interpreta el Estado como “actos de servicio”, tenemos el alevoso asesinato a tiros por la espalda del adolescente graffitero Diego Felipe Becerra[8], el cual ha sido pasado a la Justicia Militar porque la Fiscalía estimó que este inexcusable infanticidio constituiría un “acto de servicio”[9]. Difícil es negar, con esta clase de “criterio”, que Colombia no sólo sea el imperio de la impunidad, sino también el de la arbitrariedad.

Debido a la polémica que esta inclusión ocasionó a última hora, el Ministro del Interior, Vargas Lleras, afirmó el viernes pasado que, finalmente, este artículo no haría parte de la reforma, sino que se presentaría como otro proyecto[10]. Independientemente de si la ampliación del fuero militar haría parte o no de la reforma judicial, lo cierto es que lo que esta propuesta pone en el tapete es la necesidad que siente el gobierno de Santos de profundizar la guerra sucia como una manera de contener los avances de la insurgencia, cuyos ataques crecen de manera sostenida desde el 2005, pero los cuales son más evidentes desde el 2009. 

Empantanamiento de la salida militar al conflicto social y armado


Más allá del triunfalismo mediático que se impuso durante la última década, como parte de una guerra psicológica desde el Estado, la insurgencia está lejos del “fin del fin” como aseguró el 2008 el venido a menos general Montoya. En lugar de sucumbir ante la gigantesca ofensiva montada con miles de millones de dólares aportado por el gobierno de los EEUU para el Plan Colombia, con tantos más aportados para planes de “cooperación cívico-militar” y planes de “consolidación”, con un hipertrofiado ejército cercano al medio millón de hombres, con toda la asistencia técnica que reciben de Israel o EEUU, con un gasto militar sostenido superior al 5% del PIB, con una red de informantes de dimensiones más propias de la Alemania Nazi que de una supuesta “democracia occidental” (dos millones de personas oficialmente reconocidas), con miles de paramilitares realizando tareas de milicia privada en prácticamente todo el territorio, con bombardeos de proporciones bíblicas en los cuales se arrojan toneladas de bombas sobre la selva (no es casual el nombre de la “Operación Sodoma”), con la colaboración militar de los gobiernos “progresistas” de Venezuela y Ecuador… con toda esta presión militar, la insurgencia, lejos de haber sido derrotada, ha asimilado los golpes, ha readecuado su estrategia y ha retomado, en vastas regiones del país, la ofensiva.

Esto no es algo que se estén inventando los “áulicos de la guerrilla”, como solía llamar el ex presidente Uribe Vélez a quien osara cuestionar su “revelada y divina” política de la (in)Seguridad (anti)Democrática. No, es algo que reconocen organismos como la Corporación Nuevo Arco Iris (CNAI), dirigida por el estrecho colaborador del presidente Santos y entusiasta partisano de la Seguridad Democrática, León Valencia.

¿Qué dicen los últimos informes de la CNAI? Según el informe titulado “De la Guerra de Jojoy a la Guerra de Cano”[11], las FARC-EP habrían readecuado su estrategia en varios aspectos cruciales mediante el llamado “Plan 2010”:

Abandono de la guerra de posiciones y las grandes movilizaciones de tropas que caracterizaron al período de 1996-2007; vuelta a la movilización de pequeños contingentes de alta movilidad para evitar ser detectados por aire y predominio del hostigamiento como forma de ataque;
Descentralización de las estructuras guerrilleras para absorber los golpes del ejército a los mandos medios y a los comandantes;
Creación de Unidades Tácticas de Combate con expertos en explosivos y especialización de guerrilleros como francotiradores;
Creación ad hoc de “comandos conjuntos de área” entre diferentes frentes que se combinan y dispersan en función de tareas específicas (a lo menos se han registrado cinco de estos);
Desarrollo de campos minados con minas colgantes y estrategias de minas ofensivas al borde de caminos (en el informe del 2008, describen estas minas de carácter ofensivo como “campos minados muertos” que se activarían a control remoto al paso de la tropa o las patrullas)[12];

En un nuevo informe, “La Nueva Realidad de las FARC” dan cuenta de nuevos aspectos de la estrategia militar de las FARC-EP:

Utilización de carros bombas que facilitan hostigamientos a guarniciones militares sin necesidad de agrupamientos masivos de tropas;
Desarrollo de cuerpos de élite, los “pisa suaves” que se especializarían en penetrar las líneas de guardia de diversos frentes y hostigar con ataques explosivos desde la retaguardia

Sobre el ELN, los informes de la CNAI confirman una tendencia al fortalecimiento de esta guerrilla y a la consolidación de su hegemonía en tres áreas del país –Cauca, Nariño y Arauca. Ha habido expansión de sus frentes en el Chocó, Antioquia y mantiene su presencia en áreas como el Sur de Bolívar, Cesar y Norte de Santander. El pacto político-militar con las FARC-EP no solamente habría servido para controlar el conflicto entre ambas organizaciones en ciertas regiones como Arauca, sino que además para potenciar la lucha contra las fuerzas del Estado colombiano. Su estrategia militar ha estado caracterizada por:

La organización de estructuras pequeñas y el fortalecimiento de las redes de apoyo;
Estrategia de repliegue durante la mayor parte de la década para evitar el golpe directo de la ofensiva del ejército-paramilitarismo;[13] 

Los resultados no dejan de ser sorprendentes para quienes han digerido años de propaganda sobre el “fin del fin”: el 2010 terminó con más de 2.000 bajas en la Fuerza Pública[14] -1.855 bajas solamente hasta Septiembre del 2010 según la CNAI[15]. Entre enero y Mayo del 2011, la Fuerza Pública ha sufrido 967 bajas[16]. Tampoco se ajustan estos resultados al escenario descrito por el ex Ministro de Defensa Rivera, quien definía estas bajas como “patadas de ahogado”, como “acciones desesperadas” de una insurgencia acorralada. 

Obviamente, los golpes insurgentes han remecido al gobierno de Santos, propiciando un recambio de Ministro de Defensa en Septiembre, con la salida del entonces ministro Rodrigo Rivera, y la entrada de Juan Carlos Pinzón. De la misma manera, se cambió la comandancia de las Fuerzas Militares, pasando la comandancia general del almirante Edgar Cely al general Alejandro Navas. Cambios que, sin duda, reflejan la insatisfacción del establecimiento por el rumbo de la guerra[17].

Pero también estos golpes han tenido un impacto sobre la moral del Ejército. Según el último informe de la CNAI, la situación de desgaste o desmoralización de las tropas del Estado se deberían a los embates de la nueva estrategia de lucha guerrillera, la prolongación de campañas militares infructuosas y la certeza de que el anunciado “fin del fin” no tiene para cuando. Según, este mismo informe, la estrategia de las Fuerzas Armadas ha sido exitosa desde una perspectiva mediática, pero no así en el terreno de combate[18]. Es decir, se puede mentir a ese sector del país idiotizado con la televisión y la propaganda del gobierno, pero no a quienes viven el conflicto en carne y hueso. 

Es comprendiendo este panorama que mejor entendemos las voces que surgen hoy para culpar a la rama judicial del empantanamiento militar. “La tesis se desprende de la que se oye hace tiempo en los cuarteles: no se puede ganar una guerra sucia con armas limpias”[19].

Más allá de la dicotomía santismo-uribismo: una guerra de clase contra los campesinos y los sectores populares


Pese a todos los esfuerzos de los apologistas de Santos para mostrarlo como una versión civilizada de su predecesor, el cavernícola Uribe Vélez, los argumentos con los que han defendido la ampliación del fuero militar, reproducen al pie de la letra la cantinela recitada por el proto-fascista asesor presidencial de Uribe, José Obdulio Gaviria, quien ha expresado que la desmoralización del Ejército se debe a que “las fuerzas militares y hasta la policía están siendo víctimas de una persecución muy fuerte de parte de la fiscalía (…) Cualquier operación de la fuerza pública es examinado como si fuera un crimen, Y eso ha bajado muchísimo la moral de las fuerzas armada”[20].

“La guerra hay que ganarla, carajo, aunque haya que masacrar a media Colombia; si usted mata diez patirrajados seguro que hay un guerrillo entre medio”. Esto no lo dicen textualmente en público, pero es lo que se desprende de todas las intervenciones de la élite política y militar.

Una lógica parecida ha sido aplicada por José Félix Lafaurie, presidente de la Federación de Ganaderos (Fedegán), gremio que apoyó activamente al surgimiento de la maquinaria de muerte paramilitar conocida como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organismo responsable del asesinato y desaparición de decenas de miles de colombianos, y del desplazamiento forzado de millones de campesinos cuyas tierras han terminado en buena medida en las manos de latifundistas ganaderos. Los ganaderos no ocultan su interés en profundizar la guerra contrainsurgente que les ha dado enormes privilegios económicos, como lo revela el último informe del PNUD[21]. En realidad, ellos están en el centro del conflicto social y armado que vive Colombia y son una parte integral de las “condiciones estructurales” que alimentan la violencia política. Lafaurie, insiste, al igual que José Obdulio Gaviria, que la baja moral de las tropas “está en que la justicia y la sociedad se volvieron en su contra y se nutre de una estrategia de desprestigio mediático de la institución”[22]. Es decir, la sociedad debería callarse ante los falsos positivos, los bombardeos indiscriminados, los escuadrones de la muerte, la violencia sistemática contra la población. 

En otro artículo, Lafaurie, ha definido a los militares como “ciudadanos especiales, fuera del común”, que no pueden ser juzgados por una justicia ordinaria, aún cuando sus crímenes afecten a la población civil, porque ésta desconocería las tácticas y estrategias de guerra. Implícitamente, se reconoce que la violación a los derechos humanos es parte de estas “estrategias”. Pero la “lógica” perversa de este argumento (que la justicia civil desconoce los “procedimientos de guerra” y por tanto estaría inhabilitada para juzgar a militares) ha sido brillantemente evidenciada por el columnista Alfredo Molano, quien indica que “Los militares argumentan que la justicia civil no sabe de conductas militares y por tanto no puede fallar sobre ellas, que es como decir que porque los jueces no son empresarios no deben fallar en delitos mercantiles; o que por no ser médicos deberían abstenerse de fallar en casos de homicidios culposos por, digamos, dejar un bisturí en la barriga de un cliente operado de apendicitis. A ese paso llegamos a que sólo los ganaderos están habilitados para legislar en materia agrarias. Mejor dicho, ¿para qué leyes habiendo armas?”[23] Pero ¿cuál es la conclusión a la que llega Lafaurie con esta perversa “lógica”? Sin pelos en la lengua, dice que “necesitamos dotar de garantías a los hombres y las operaciones militares. Estamos en mora de despejar el camino a nuestros héroes anónimos. Necesitamos reconocer la naturaleza de estos hombres y aliviar el desasosiego que acompaña la tarea de ser militar hoy en Colombia”[24]. Lafaurie insiste en otra columna escrita en Septiembre que “la urgencia de mejorar el bienestar de la fuerza pública, que pasa (…) por fortalecer el Fuero y la Justicia Penal Militar (…) Una democracia plena como la nuestra puede y debe derrotar a los violentos, y lo hará de la mano del Fuero Militar. Las guerras se ganan en el corazón de los soldados”[25].

Es importante referirse a las declaraciones del Presidente de Fedegán, porque ellas reflejan a los sectores que se han enriquecido mediante y que hoy buscan profundizar la guerra, los sectores que jamás apostarán a una solución política del conflicto armado que ponga en cuestión la posesión ilegítima que tienen del 39% de las tierras. Resulta además claro que esta auténtica ofensiva mediática de su cara más visible preparó el terreno para que este artículo de ampliación del fuero militar fuera sacado de la manga ahora que se debate la reforma judicial. No queda duda, con esta clase de intervenciones, cuáles son los intereses que defienden los soldados en la guerra. 

La naturaleza de clase de este conflicto, así como el rol de los ganaderos que representa Lafaurie, son evidenciados en un relato sobre el desplazamiento campesino en los corregimientos de Guanapalo y Charras, en San José del Guaviare, en un informe que ya hemos citado de la CNAI:

“El representante a la Cámara Ignacio Antonio Javela adquirió 1.250 hectáreas de tierras a los campesinos de esa región, pero otros comienzan a desplazarse ante amenazas e intimidaciones. Mientras, grupos ilegales rearmados han comenzado a posicionarse sobre toda la denominada Trocha Ganadera, donde actualmente ejercen presión contra algunas comunidades campesinas. Las FARC, por su parte, han prohibido a los campesinos vender sus predios y han manifestado que defenderán la zona de otros grupos armados ilegales.

Tácitamente se trata de desplazar para concentrar la propiedad de la tierra. Las compras masivas a muy bajo precio o la intimidación armada han llevado a desplazamientos gota a gota en esta región. Paradójicamente, el que garantiza la propiedad a campesinos y colonos es un grupo armado ilegal –las FARC- y no el Estado.”[26]

Digamos, solamente, que no hay nada de paradójico en esta situación si se entiende la dinámica de clases que en última instancia explica el conflicto colombiano (la cual es frecuentemente velada con discursos que plantean el debate en la falsa contradicción ilegales vs. legales) y que esto no es nada tácito sino una clara política de Estado, ligada a las locomotoras del Plan de Desarrollo Nacional de Santos y a los intereses seculares de los gamonales y cacaos colombianos. El último informe del CODHES nos dice que buena parte de la expansión paramilitar se está dando en zonas de “consolidación” o de fuerte presencia de la fuerza pública. Según ellos, en el primer semestre del 2011, según sus informaciones parciales y preliminares, se habría desplazado a unas 89.750 personas, de ellas el 28% provendrían de las zonas de consolidación territorial del Estado[27], lo cual es coincidente, grosso modo, con las cifras globales de desplazamiento de 2010, que indicarían un 33% de desplazamiento de las zonas de consolidación[28]. Este desplazamiento va de la mano, como hemos dicho, de las “locomotoras”, de los megaproyectos, del agronegocio, del latifundio, de la palma, del caucho, de la minería[29].

Al final de cuentas, más allá de la dicotomía que se ha pretendido hacer entre la política de Uribe Vélez y la de Santos, hay una continuidad de este modelo de guerra que beneficia un patrón de enriquecimiento por despojo violento. 

La dialéctica política del conflicto social y armado


Los ganaderos saben muy bien por qué piden a gritos profundizar la impunidad y con ella la guerra sucia: porque un conflicto que no es solamente militar, sino ante todo social como el colombiano no puede ganarse sino mediante la aplicación a gran escala del terrorismo de Estado en contra de la población. Esto lo explica muy bien Ever Veloza, alias HH, uno de los paramilitares que hizo por varios años el trabajo sucio del Estado al mando de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y el Urabá (ACCU) y más tarde, de las AUC, sobre la estrategia de tierra arrasada del paramilitarismo en una entrevista en el 2008:

“La guerrilla está, pero no está tan fuerte como antes. Cuando nosotros empezamos en las AUC la guerrilla tenía el control de todo el país, como en el Urabá. Hoy en día la guerrilla está en sectores marginales. Por eso el movimiento de las autodefensas no fracasó. Fue tanto el crecimiento y la penetración de las autodefensas a nivel nacional que mire cuántos políticos hay en la cárcel por vínculos con nosotros, cuántos militares hay vinculados, cuántos empresarios. Yo creo que fue un éxito total.”[30]

Quizás un éxito en lo puramente militar, en lo inmediato, más no así un éxito sustentable o total si se considera la naturaleza social del conflicto. Desde el 2008, cuando HH hace estas declaraciones, la insurgencia ha logrado revertir los avances de las Fuerzas Militares durante la primera fase del Plan Colombia y han vuelto a mostrar un renovado dinamismo. Ese dinamismo está ligado, indudablemente, a la dialéctica política del conflicto, por más que el discurso oficial intente “pabloescobarizar” a la insurgencia[31] – algo que, por lo demás no es nada nuevo, ya que desde el comienzo se ha buscado “bandolerizar” o “chusmear” a la insurgencia para así negar las profundas causas estructurales, políticas y sociales que la animan. La paradoja, es que mientras se niega que la insurgencia tenga motivaciones políticas, el ejército trabajo de la mano con grupos paramilitares que se definen como “anti-comunistas”[32]. No debe sorprender que el oficialismo niegue la legitimidad política de la insurgencia –jamás una tiranía (y Colombia, desde el punto de vista político y humanitario, no puede ser considerada otra cosa pese a los formalismos democráticos ritualizados) ha aceptado la legitimidad de quienes la interpelan[33].

Pero los informes mencionados de la CNAI, a contravía de estas declaraciones oficiales por parte del gobierno de que la insurgencia no tendría sustento ideológico, nos entregan algunas luces sobre la complejidad ideológica en el mundo de la insurgencia. Más aún, nos señalan que es en el terreno de lo político donde se encuentran en gran medida las raíces de este nuevo dinamismo de la insurgencia. Sobre las nuevas orientaciones políticas en la insurgencia, nos señala un informe relativo a las FARC-EP que “‘Alfonso Cano’ (…) logró darle al grupo guerrillero una nueva estrategia militar y un nuevo rumbo político. Este antropólogo, a pesar de sus raíces urbanas, pudo coordinar a la guerrilla de las FARC compuesta mayoritariamente por campesinos (…) En los últimos años a pesar de la violenta persecución que desató la Fuerza Pública, con la Operación Fuerte, ‘Cano’ ha logrado tener una actualización académica, los libros de Toni Negri, Zizek, Chomsky ya hacen parte de la bibliografía actual de este comandante en jefe de las FARC (…) Esta apertura ideológica, si bien, no ha modificado su forma de ver la vida desde el marxismo ortodoxo, le ha concedido [sic, conseguido] dar ese nuevo rumbo político a las FARC”.[34]

Es esa dinámica política la que explica los señalamientos de Santos en un discurso el 28 de Septiembre en una base militar en Nariño: “Sabemos muy bien que la estrategia de las Farc va a ser la de estimular la protesta social y la de infiltrar esa protesta social para producir violencia, producir caos”[35]. No es casualidad el innegable tufillo “uribista” de estas temerarias acusaciones, que nuevamente ponen en contradicho a quienes, mediante toda clase de contracciones, pretenden mostrar a Santos como un “paladín democrático” (a diferencia de su predecesor y maestro Uribe). Reflejan una comprensión de que el conflicto no es solamente armado, sino que ante todo social, y que la reactivación de la protesta popular tiende a ser coincidente con la reactivación de la lucha armada, no porque los movimientos sociales o las organizaciones populares sean “fachadas de la guerrilla” o “guerrilleros de civil” como frecuentemente dicen las élites para estigmatizar y para minar la legitimidad de los movimientos –como si no hubiera causas legítimas para la protesta por parte de estudiantes, campesinos, cocaleros, trabajadores y comunidades. Para esas élites, toda marcha es un “siniestro plan del terrorismo” para perturbar la paz social en su apacible país de las maravillas. La realidad, es otra: cuando hay un incremento del malestar social y de la protesta popular, es natural que la insurgencia canalice parte de este malestar porque ella ha sido, gústele o no al establecimiento, una forma de respuesta histórica del pueblo a la violencia sistemática del Estado contra los de abajo. Uno podrá considerar que es una respuesta buena o mala, pero es innegable que la insurgencia no viene de la Luna a "infiltrar" al pueblo, sino que son producto de las entrañas mismas de las clases populares. Para amplios sectores en Colombia, fundamentalmente rurales, la insurgencia sigue siendo una respuesta legítima contra la violencia de clase institucionalizada por los gamonales, cacaos, ganaderos y sus socios multinacionales.

Callejón sin salida para la vía militar


Ante el aumento progresivo de la protesta social desde el 2002[36], el cual se ha vuelto explosivo desde el 2008, y ante la persistencia y el reacomodo de la lucha armada –reacomodo que no sólo es militar, sino también político como hemos visto-, es de esperar que el gobierno intente salir del empantanamiento del conflicto mediante la profundización de la guerra sucia. Y ahí está la contradicción vital de la oligarquía colombiana: que sus avances en lo militar se comprometen por lo político, y que la profundización de la guerra sucia tiene un efecto degradante ante todo en sus propias filas. No es la judicialización de militares, como hacen creer los José Obdulio Gaviria o los José Féliz Lafaurie, lo fundamental detrás de la desmoralización o el desgaste de las Fuerzas Armadas en Colombia. Sólo en cierta medida lo son las tres causas dadas por el CNAI: las expectativas imposibles de una victoria fácil alimentadas en el último período de Uribe Vélez, el hecho que las campañas sean cada vez más largas e infructuosas, así como los golpes crecientes de la insurgencia. Es mi opinión que el factor sin lugar a dudas de mayor peso en la desmoralización de las tropas del ejército colombiano es la naturaleza misma de la guerra absurda que pelean en defensa de ganaderos, multinacionales extranjeras y gamonales criollos, quienes los desechan apenas ya no les son de utilidad. Es la naturaleza misma de una guerra degradada (y degradada fundamentalmente por la acción del Estado y su herramienta paramilitar) la que está en la base de la desmoralización de la tropa. 

Por más que la propaganda oficial insista que en “Colombia los Héroes Existen”, la tropa sabe que allá donde se pelea la guerra, donde el conflicto se sufre en carne y hueso, en el terreno, las percepciones son muy diferentes a las de los televidentes citadinos que creen todo lo que Caracol les dice. Siguiendo con este mismo informe del CNAI: “la corrupción de miembros de la Fuerza Pública hace que la población desconfié de la institucionalidad. En los Llanos Orientales, por ejempo, con el Plan Consolidación lo que se observa es que a medida que la Fuerza Pública desplaza a las FARC, los hombres del ERPAC [ie., un escuadrón paramilitar] van tomando este tipo de posiciones, en Córdoba algunos miembros de las Fuerzas Militares parecen uno sólo con ‘Los Urabeños’ y ‘Los Rastrojos’ [ie., dos bandas paramilitares] (…) Durante el trabajo de terreno realizado para realizar (sic) el presente informe, se logró detectar que las Fuerzas Militares funcionan en algunos territorios como fuerzas de ocupación. Nuevamente, La Macarena es el mejor ejemplo, allí las denominadas brigadas cívico-militares parecen acciones típicas de fuerzas de ocupación, sirven para hacer censos, listados de personas, pero no para consolidar el Estado de Derecho. La tropa aún sigue viendo a la población civil como un enemigo”[37].

En estas condiciones, ¿cómo se espera ganar el conflicto social y armado por la vía militar?

La insatisfacción con la presencia militar en las regiones de tradición guerrillera se refleja en un informe de Gary Leech escrito hace unos meses sobre las operaciones en contra de “Alfonso Cano” en el Tolima: “La mayoría de las comunidades en la región han vivido bajo el control de las FARC por décadas. Un líder comunitario en Limón explica que las FARC aseguraban que no hubiera violencia ni crímen, y que los campesinos no dañaran el medio ambiente. Bajo el control del Estado el crímen va en aumento y la economía no ha mejorado (…) Pese a estos reveses, la fuerza militar así como el apoyo popular a las FARC se mantiene relativamente intacto en sus baluartes tradicionales”[38]. A comienzos de Agosto del 2008, en el Tiempo apareció un artículo inusualmente honesto que refleja las dificultades de la lucha contrainsurgente en el Sumapaz: “el Ejército se ha encontrado con una población que lo mira con desconfianza. Caseríos tradicionalmente comunistas cierran sus vitrinas y su comercio para los soldados y por allí hasta se ven carteles con la frase 'Reyes vive'”[39]. Situaciones parecidas se ven en todos los territorios en conflicto, en áreas tanto de influencia de las FARC-EP o del ELN, o de grupos insurgentes menores que también existen.

Mientras tanto, la guerra sucia continúa con su inercia de seis décadas. Bombardeos indiscriminados en Chaparral; envenenamiento con glisofato de las poblaciones en el Chocó y en el Bajo Cauca Antioqueño; descuartizamientos, masacres y violaciones en Guapi, en el Sur de Bolívar, en Nariño, realizados por paramilitares en perfecta connivencia con el Ejército y la Policía; cercos paramilitares en Curvaradó y Jiguamiandó; secuestro y asesinato de civiles para presentarlos como “falsos positivos”; estrategias como la red de cooperantes que en las propias palabras del informe de la CNAI “parecieran más encaminadas a destruir cualquier tipo de organización social que intente prosperar en la zona”[40]. Ya lo dijimos: no se puede ganar la guerra sucia con armas limpias. ¿Nos puede sorprender la desmoralización de una tropa enfrentada de manera sistemática a esta clase de prácticas degradadas? Que no se culpe, pues, a los jueces.

La salida militar que se impuso como el discurso único de los círculos dominantes está enfrentando una grave crisis de legitimidad, acechada por acuciantes interrogantes ¿Qué tipo de sociedad se puede crear mediante esta violencia de clase? ¿Qué sentido tiene el “triunfo militar” al que aspira el Estado mediante la profundización de la guerra sucia? Pues, aunque el gobierno de Santos insista en que “no ha tirado las llaves de la paz”, en su lenguaje la paz equivale a la victoria militar, la cual puede ser en el campo de batalla o en la mesa de negociación ante una insurgencia aislada y desmoralizada. En su lenguaje, la paz equivale a la desmovilización de las tropas insurgentes y eso no es sino un escenario de victoria militar.

Las llaves de la paz no se encuentran, pese a lo que pueda creer el gobierno, en el campo de batalla sino en el campo de la lucha de clases: las tiene el movimiento popular que comienza hoy a dar pasos muy importantes de articulación y movilización, como se aprecia con ciertas iniciativas de convergencia popular y encuentros como los de Barrancabermeja y Cali que dan muestras del deseo del pueblo de convertirse en un actor en derecho propio, gestor de su propia institucionalidad, de su propio poder, de su propio proyecto de futuro. Ellos vienen elaborando las propuestas para la solución política; porque saben que paz no significa sencillamente ausencia de conflicto. De poco sirve que se declare con bombos y platillos la paz cuando subsista la violencia institucionalizada del Estado, esa violencia sistemática del sistema capitalista que aniquila por física hambre a miles de colombianos año tras año. Esa violencia que se expresa en Tratados de Libre Comercio y en un Desarrollo Nacional que destruye las comunidades y la vida de los seres humanos. Es la hora de evocar una vez más los horizontes emancipatorios que han animado al pueblo colombiano durante décadas, entender estas aspiraciones y necesidades profundas, leerlas y actualizarlas bajo el signo de nuestros nuevos tiempos. Mientras el Estado se prepara para profundizar la guerra sucia, el pueblo se prepara para profundizar su proyecto emancipador.

José Antonio Gutiérrez D.
14 de Octubre, 2011

[1] http://elespectador.com/noticias/judicial/articulo-2895...forma 
[2] http://www.semana.com/politica/gobierno-incluye-ampliac....aspx 
[3] http://anarkismo.net/article/16405 http://anarkismo.net/article/16403 
[4] http://anarkismo.net/article/19272 
[5] Estamos hablando de poco menos del 1% de los uniformados siendo procesados por violaciones graves a los Derechos Humanos, en circunstancias que estas prácticas terroristas son ampliamente aplicadas en la institución castrense, son aprendidas y transmitidas en cadena de mando. 
[6] http://www.semana.com/politica/gobierno-incluye-ampliac....aspx
[7] http://elespectador.com/noticias/judicial/articulo-3040...lidad 
[8] http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/ARTICULO-WEB-NE....html http://www.semana.com/nacion/diego-felipe-muerte-muchas....aspx 
[9] http://www.semana.com/nacion/caso-patrullero-disparo-gr....aspx 
[10] http://www.semana.com/nacion/reversazo-del-gobierno-tem....aspx 
[11] En “Revista Arcanos” Número 16, Abril del 2011, pp.28-47.
[12] “La Guerra contra y de las FARC”, en “Revista Arcanos”, Número 15, Abril del 2010, p.20. 
[13] “ELN: Debilitamiento Nacional, Fortalecimiento Regional”, en “Revista Arcanos”, Número 16, Abril del 2011, pp.62-72.
[14] http://www.ddhh-colombia.org/html/noticias%20ddhh/estad...1.pdf 
[15] “La Nueva Realidad de las FARC”, p.42
[16] Ibid, p.9
[17] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-...tares 
[18] “La Nueva Realidad de las FARC”, p.10. Reconocen, por ejemplo, que la muerte del ‘Mono Jojoy’ no trajo las desmovilizaciones masivas que se esperaban, y por el contrario, el ejército enfrentó una tenaz resistencia, con tres o hasta cinco combates diarios semanas después del bombardeo, lo cual no indica, precisamente, desmoralización de la insurgencia aún ante un golpe tan contundente.
[19] http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-299...acaos 
[20] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/07/110719_colo...shtml 
[21] http://pnudcolombia.org/indh2011/index.php/el-informe/r...vo/31
[22] El Colombiano, 3 de Septiembre, 2011, puede consultarse en http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/?p=37516 
[23] http://elespectador.com/impreso/opinion/columna-299951-...acaos 
[24] El Heraldo, 16 de Septiembre, 2011, puede consultarse en http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/?p=37922 
[25] El Universal, 10 de Septiembre, 2011, puede consultarse en http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/?p=37737 
[26] “La Guerra de y contra las FARC”, p.9 (subrayado nuestro)
[27]http://www.codhes.org/images/stories/pdf/codhes%20infor...8.pdf 
[28] http://www.codhes.org/images/stories/pdf/bolet%C3%ADn%2...7.pdf 
[29] http://anarkismo.net/article/19933 
[30] http://www.elespectador.com/impreso/judicial/articuloim...fiesa 
[31]http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/las_far...a.asp 
[32] El Ejército Revolucionario Popular Anti-Comunista (ERPAC) de los Llanos.
[33] El más inmundo de los defensores del paramilitarismo, Ernesto Yamhure, escribió, con motivo de un nuevo aniversario del nacimiento del ELN, una columna para El Espectador la cual es típica de esta ambivalencia discursiva entre la guerrilla comunista pero sin ideales: “El pasado 4 de julio, el Eln cumplió 47 años de historia delincuencial. Para celebrarlo, emitió una proclama que desempolvó el caduco discurso comunista que supuestamente los rige. Quieren hacernos creer que mientras secuestran y trafican con cocaína, sustancia que los hace fabulosamente ricos, estudian a profundidad los textos de Engels y Kropotkin.” http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-282...error Lo interesante del caso, es que su reconocimiento del estudio de Kropotkin reflejaría una complejidad ideológica mucho mayor que un supuesto “caduco discurso comunista”.
[34] “La Nueva Realidad de las FARC”, p.14
[35] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-...ocial 
[36] Según el CINEP, el ciclo de protestas del 2002 al 2008 es el ciclo más alto de luchas populares en el último medio siglo, según el análisis cuantitativo de movilizaciones y acciones colectivas, registrándose un promedio de 643 acciones colectivas anuales (“La Protesta Social 2002-2008”, CINEP, 2009). Sin embargo, desde el 2008 la protesta social ha adquirido proporciones mucho mayores, con importantes puntos de inflexión como la lucha de los corteros, la minga del 2008 y ahora las movilizaciones de los obreros petroleros y estudiantes.
[37] “La Nueva Realidad de las FARC”, pp.16-17
[38] http://colombiajournal.org/the-hunt-for-farc-commander-...o.htm Artículo original en inglés, la traducción es del autor de este artículo.
[39] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4424463 
[40] “De la Guerra de Jojoy…”, p.33

Colombia: El movimiento estudiantil debe entregarle ese triunfo a la sociedad

LEVANTAR EL PARO Y FORTALECER EL MOVIMIENTO
Transformar el movimiento estudiantil en un movimiento de toda la sociedad

La situación creada por el movimiento estudiantil colombiano – en un mes –, es mejor que la obtenida por los estudiantes chilenos en más de seis (6) meses. Santos ha mostrado su debilidad y le ha dado la iniciativa al movimiento social.

Un pequeño triunfo que hace rato no había conseguido el movimiento social en Colombia – desde 2008 cuando La Minga puso contra la pared a Uribe en Cali –, debe ser transformado en un gran movimiento social por la educación pública superior gratuita, de calidad para todos y sin ánimo de lucro.

El tema de la reforma a la Ley 30/92 es cosa del pasado. El movimiento estudiantil se ganó el derecho a construir una propuesta democrática.       

Se debe levantar el paro con total autonomía y organizar su propia agenda, su propio escenario para construir una propuesta de educación superior para Colombia, y sin afanes, ponerle fechas a la sociedad y al gobierno.

El papá (gobierno) ya perdió, el hijo lo arrinconó. Le ganó el derecho a opinar. Pero el padre le otorga el premio con un garrote en la mano para ver si el hijo mantiene la rebeldía y poder retomar el control. Si el hijo es inteligente y maduro, le diría: no hay necesidad de garrote, vamos a dialogar este problema con toda la familia. Y así, CONSOLIDARIA SU DERECHO A OPINAR Y PARTICIPAR, que es el más importante de todos los derechos. LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA SE EJERCE, NO SE SOLICITA.   

Si los estudiantes mantienen el paro, transformarían la derrota – parcial y momentánea del gobierno – en una auto-derrota del movimiento. Sería una torpeza mayúscula.   

La forma como el gobierno ha presentado la propuesta de retirar la reforma del Congreso tiene el veneno de la provocación. Los estudiantes ya ganaron el derecho a la participación, ahora tienen que entregarle ese triunfo a la sociedad.

El gobierno quiere tocar la fibra infantil de los jóvenes - mostrándose preocupado por no perder el semestre -. Quiere provocar una reacción terca e infantil, que los dirigentes estudiantiles llamen a mantener el paro y aislar a los dirigentes.

El gobierno daría la vida porque torpemente la dirigencia estudiantil no levante el paro, para dividirlo inmediatamente por la base. ¡Que ello no ocurra!

fonte: kaosenlared (aqui)

Seminario Militante: Anarquismo en Colombia

domingo, 6 de novembro de 2011

Convocan a una gran toma de Bogotá el 10 de noviembre // Miles de estudiantes iluminan la noche bogotana, en rebelión contra la Ley de reforma universitaria

      Prensa Universidad / Notiagen    
Agencia Prensa Rural / Notiagen


El 3 de noviembre, el movimiento estudiantil se anotó una nueva victoria dentro del marco del paro nacional, al llenar las calles de gente, antorchas, cánticos, disfraces y alegría desde las 5 de la tarde hasta bien entrada la noche y al hacer desistir a la ministra de participar en un debate abierto ya que se quedó sin argumentación y ya la sociedad colombiana no le cree más sus mentiras.

Desde las diferentes universidades los manifestantes se fueron congregando desde temprano ya que la marcha de antorchas necesitaba preparación para convertirla en el carnaval que fue. Hacia las cinco de la tarde las movilizaciones empezaron a salir desde cada una de las universidades públicas y muchas de las privadas.

La jornada transcurrió en total calma puesto que está más que demostrado que la presencia del ESMAD (antidisturbios) es la principal causa de violencia en las manifestaciones y afortunadamente no se vieron por ninguna parte. Únicamente hubo presencia de Fuerza Disponible a al entrada de la Plaza de Bolívar, sin embargo no hubo ningún roce entre la policía y los estudiantes.

Siguiendo el discurso de los medios de comunicación hegemónicos el cual ha penetrado en muchos sectores de la sociedad, hubo algún nivel de rechazo por parte de estudiantes contra otros que hicieron algunos pocos grafitis contra la nueva ley de educación superior. Desde Prensa Universidad consideramos que esto no es vandalismo sino que es una forma más, válida o no, de expresión en contraposición al monopolio de la información por parte de una élite mediática. Por el contrario, estas actitudes contra algunas formas de protesta no son más que auto censura y auto estigmatización que en nada aportan a la unidad del estudiantado contra el problema real que es tumbar el modelo neoliberal en la educación.

La marcha avanzó alegre y lentamente y hacia las 10 de la noche aun había una importante presencia de estudiantes en la Plaza de Bolívar continuando con las consignas, música y baile. Una pequeña lluvia finalmente dispersó a los estudiantes bien entrada la noche pero las consignas y los cánticos siguieron en los buses urbanos y en el sistema transmilenio, llevando el mensaje a los diferentes barrios de la capital colombiana.

Como los medios de comunicación hegemónicos se quedaron esperando algún hecho de violencia con el cual desviar la atención sobre el objetivo real de la protesta, se dedicaron a lamentarse por el trancón causado por los ríos de gente que se manifestaron de forma pacífica y contundente.

Ahora lo que sigue es la gran toma de Bogotá el 10 de noviembre, en donde se espera una alta presencia de estudiantes de todo el país, una acampada en un sitio estratégico de la ciudad y manifestaciones en varias partes del distrito capital como forma de rechazo a que se discuta ese proyecto en el Congreso de la República y porque ese día seguramente será la primera votación en cámara de Representantes.




Carnaval nocturno cierra la tercera audiencia pública sobre la educación superior en Colombia
Con un carnaval de alegría y comparsas desarrollado a partir de las seis de la tarde por estudiantes, profesoras y profesores, trabajadores y trabajadoras universitarias y madres y padres de familia por las calles de varias ciudades del país se desarrolla otra jornada de protesta contra el proyecto de Ley 112.

En los recintos del Senado de la República tuvo lugar el 3 de noviembre la tercera audiencia pública sobre la ley que pretende solucionar la crisis de la educación superior en Colombia que se manifiesta en baja cobertura, baja calidad y la deuda creciente de las universidades públicas que alcanzó para este año, según el representante Wilson Arias, una cifra superior a 700.000 millones de pesos. Asistieron a ella además de representantes del sector universitario, la ministra y el viceministro de Educación y algunos senadores y representantes del Congreso.

Han sido debates propiciados —el primero fue el 19 de octubre y el segundo el 26 del mismo mes— por congresistas del Polo Democrático Alternativo y presionados por las jornadas de protesta que se adelantan en el marco del paro nacional estudiantil universitario desde el 12 de octubre de este año. Este carnaval nocturno, lleno de colorido, antorchas, música y diversas expresiones culturales que giraban alrededor del tema del derecho a la educación formaba parte de la agenda de movilización estudiantil.

Los representantes de los distintos sectores no gubernamentales manifestaron su apoyo al paro nacional universitario y afirmaron que no será levantado hasta que el gobierno no retire el proyecto de reforma que está en estos momentos en discusión en la Comisión VI del Senado de la República. Sin embargo, los representantes estudiantiles recibieron la negativa por parte de la ministra María Fernanda Campo.
 
Un grupo de 15 congresistas —siete senadores y cinco representantes del Polo Democrático Alternativo, dos representantes del Partido Verde y un senador de Autoridades Indígenas de Colombia— dan la razón a la MANE cuando afirma que en el Congreso no hay garantías para discutir de manera democrática el proyecto de reforma de la ley de educación. Consideran que «es necesario que la ministra de Educación retire el proyecto e instale una mesa de negociación en la que se discutan las propuestas contenidas en el Programa Mínimo del estudiantado colombiano».

Vinculación de madres y padres de estudiantes y otros sectores

El movimiento estudiantil ha crecido día a día gracias el esfuerzo desarrollado por los estamentos universitarios por difundir la problemática visibilizando que ésta compete a toda la sociedad colombiana. Esto se ha manifestado, entre otras maneras, con la participación creciente de voces en las audiencias públicas; en la del 3 de noviembre participaron además de representantes universitarios, dos estudiantes del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), el estudiante Jorge Ovalle de secundaria del Inem de la zona Techotiva (localidad Kennedy, Bogotá) y un padre de familia, vocero de Madres y Padres de Estudiantes de la Universidad Nacional (MAPA).

Esta vinculación de las madres y padres de estudiantes se viene expresando en varias universidades. «Les quiero pedir apoyar el paro, no solamente aquí en la universidad sino en las empresas donde trabajamos; informémosle a los compañeros de qué se trata sin dejarnos asustar ni apabullar», expresó Sonia Cortés, madre de un estudiante, una de las más de 300 madres y padres que asistieron a la reunión citada por estudiantes y docentes de la facultad de ingeniería de la Universidad Distrital el día 2 de noviembre a las 5:30 de la tarde. «Yo no estoy de acuerdo con que estemos en clase y no estemos, o estamos o no estamos, porque si no, esto no va a servir de nada. Yo quiero que mi hija sea una profesional. Pero es que las cosas no se hacen a medias, hay que apoyar a nuestros hijos porque no estamos haciendo nada indebido, estamos haciéndole ver al gobierno que no estamos de acuerdo con algo que nos atañe a todos», respondió la madre de una estudiante de ingeniería ante la propuesta de Octavio José Salcedo, decano de la facultad, de regresar a clases sin dejar de participar en las movilizaciones.

En esta reunión las madres y padres no sólo dieron sus opiniones sino que hicieron varias propuestas como colocar tutelas contra la ley, hacer botones y camisetas de apoyo al paro o llevar cinco personas más cada quien a la próxima movilización: la toma de Bogotá del 10 de noviembre. «Que no nos pase con la educación lo que está pasando con la salud, donde está todo privatizado y no podemos pagar los costos; monopolios privados que acabaron con el sistema nacional de salud, apropiándose de los fondos de prevención y pensiones», opinó otro padre.

Toma de Bogotá el próximo 10 de noviembre

El día 10 de noviembre se adelantará una nueva acción de rechazo a esta propuesta del gobierno y por la construcción colectiva de una ley alterna discutida directamente con la comunidad universitaria. Esta vez se pretende concentrar en Bogotá gran parte del movimiento nacional, así como vincular a otros sectores sociales que ven justa y necesaria esta lucha de los estudiantes.

La toma de Bogotá del 10 de noviembre contará con la participación y apoyo de sindicatos como la Asociación Distrital de Educadores (ADE), la Asociación nacional sindical de trabajadores y servidores públicos de la salud y la seguridad social integral y servicios complementarios de Colombia (ANTHOC), la Unión Sindical Obrera (USO) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), además de la confluencia de organizaciones sociales agrupadas en la Coordinación de Organizaciones y Movimientos Sociales de Colombia (COMOSOCOL).

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Será la toma de la capital del país de un movimiento que pretende ser escuchado y se construyan las decisiones desde sus necesidades. Esta toma pretende ser un referente para que congresistas y miembros del gobierno entiendan la importancia de tener en cuenta las opiniones y propuestas de los estamentos universitarios de cara al segundo debate en el Congreso convocado para el 15 de noviembre. El primer debate sobre esta ley en las sesiones del Congreso tendrá lugar este martes 8 de noviembre.


quinta-feira, 14 de outubro de 2010

La Proclama - Palabra del Congreso de los Pueblos de Colombia

Miércoles, 13 de Octubre de 2010 10:44 

“Propuesta de país para una vida digna”
Hermanos. Hermanas. Nuestra palabra, que camina y teje razones y sueños, ahora se levanta para compartirles a todos y todas, habitantes del territorio colombiano, pero también a todos los pueblos hermanos, que hombres y mujeres de la más variada procedencia y diversidad de edades nos dimos cita en Bogotá, entre el 8 y el 12 de octubre de 2010, para asumir en nuestras manos la responsabilidad histórica de nuestras vidas y motivar a nuestro pueblo para que haga lo propio con la suya.
 
Somos los trabajadores y las trabajadoras,
somos los corteros de caña y sus compañeras,
somos los campesinos y las campesinas, jornaleros y cosecheras,
somos la gente hija de la tierra,
somos los pueblos indígenas,
somos los descendientes de africanos que nos estamos liberando,
somos las mujeres dignas y libres,
somos gente pescadora de mares y ríos,
somos los moto-trabajadores, los taxistas, las camioneras,
somos los estudiantes, las maestras, los educadores populares,
somos las experiencias de resistencia al capital, al Estado y a la guerra,
somos los pobres, las marginadas, los excluidos,
somos las artistas y los artesanos,
somos la gente desplazada por las balas, la amenaza, las motosierras, el latifundio, los grandes proyectos,
somos los otros, las otras, quienes desde la diversidad sexual hacemos democracia,
somos los habitantes de la calle, de los barrios, de los cerros de las grandes ciudades,
somos los detenidos y detenidas en las cárceles,
somos las defensoras de los derechos humanos,
somos los comunicadores y las comunicadoras populares,
somos los creyentes en nuestros dioses y sobre todo los creyentes en la justicia,
somos los ausentes y las víctimas,
somos las niñas y los niños, la risa y la imaginación sin límites,
somos los jóvenes, que resistimos la opresión de un sistema policíaco,
somos el país y los pueblos,
Somos el Congreso de los Pueblos. 

  
                   

   
¿Por qué nos constituimos en Congreso de los Pueblos?

Este Congreso fue convocado con un propósito fundamental: que el país de abajo legisle, que los pueblos manden, que la gente ordene el territorio, la economía y la forma de gobernarse.

Así de sencillo. Estamos recuperando para el pueblo y los pueblos de Colombia nuestro carácter  soberano, o como dicen, de constituyentes primarios.

Porque a pesar de la euforia de los poderosos, estamos convencidos que el sistema político y económico colombiano está agotado, casi muerto de corrupción y crimen. No esperamos gran cosa de los congresistas y los gobernantes. Lo que hemos confirmado en esta sesión de instalación es que en muchos lugares del país la gente no esperó más y se puso a legislar por su cuenta, a organizar el territorio y a darse su propia forma de mandar. Asambleas constituyentes municipales, pactos de convivencia barriales y regionales, territorios autónomos indígenas y afros, territorios de paz, experiencias de presupuestos participativos, redes de soberanía alimentaria, mesas de concertación de sectores populares, asambleas territoriales en los barrios, movimientos para consolidar reservas campesinas, ¡todos!, han encontrado en sus propios ejercicios legislativos más democracia, bienestar y justicia que toda la que puedan ofrecer y no han garantizado en 200 años de vida republicana.

Este Congreso de los Pueblos ha empezado a juntar esas dinámicas de autonomía popular. Y ha llamado a todos los sectores sociales alternativos a que nos juntemos para pensar un nuevo país, iniciar una deliberación nacional e ir elaborando un Mandato de los Pueblos, o un Mandato País, o una Agenda Alternativa, o una Constitución Popular. La discusión que hemos empezado dirá qué nombre le ponemos. Con ese espíritu, más de 17.000 delegados y delegadas de unas 220 organizaciones con sus  procesos sociales populares hemos aceptado sumarnos al Congreso de los Pueblos en su primera sesión; pero el Congreso de los Pueblos tendrá el quórum decisorio cuando otros cientos de procesos de base, dispersos por toda la geografía nacional, se sumen de manera activa, y con todo el espacio para deliberar y decidir, a esta tarea de legislar y hacer de nuevo al país, o mejor, cuando todo el país real se reúna para discutir y decidir cómo es que quiere vivir y trabajar.

El Congreso de los Pueblos no es una reunión. Este primer encuentro fue solo su Sesión de Instalación. Lo que hicimos estos cuatro 4 días ha sido principalmente definir nuestra Agenda Legislativa Popular. Cada una de las organizaciones y sectores sociales que aquí participamos, aportamos alguna experiencia de haber aprobado un Mandato general o puntual, de haber elaborado un Programa o Propuesta sectorial, de haber adoptado Leyes en ejercicio de nuestras autonomías, de haber presentado un Pliego político. Hemos puesto en común esa experiencia de autonomía. Y hemos adoptado las líneas gruesas de una Agenda Legislativa Popular y la Ruta de Trabajo Legislativo de todos los sectores, actores, sujetos y organizaciones populares del país para el próximo período.

***
                                                                           


Hemos decidido hacer de nuevo a Colombia. En realidad, somos nosotros y nosotras, cada cual por su lado, quienes la construimos todos los días. Pero esta vez la edificaremos con nuestra mirada, a nuestro modo, hablando diariamente entre todas las organizaciones populares. Nuestra vocación de unidad popular es irreductible. El Congreso ha decidido que iniciamos un proceso de deliberación y acción conjunta en todos los rincones del país, abordando lo que nos parece que son los temas fundamentales. Aquí algunos de estos asuntos: 

Pensar y adoptar un nuevo sistema político basado en los gobiernos autónomos y democráticos de las comunidades locales y los pueblos. Un Estado soberano e independiente. Seremos nosotros y nosotras quienes lo construiremos. 

Ordenar de nuevo el territorio del país para que las comunidades puedan mandar sobre sus recursos estratégicos, y para fundar una nueva forma de relacionarnos con la Madre Tierra. El Congreso manda que se libere la Madre Tierra. Y manda que se devuelva a la población el derecho a decidir tanto sus formas de gobierno como el aprovechamiento de los bienes de la naturaleza.

Construir una economía para el buen vivir. En la lucha contra el modelo económico neoliberal que expropia y roba y destierra, la recuperación para los pueblos de los recursos naturales y estratégicos que hoy se encuentran en manos de las transnacionales, es un imperativo.

Consolidar unas rutas propias de las organizaciones de base, populares, para encontrar una solución política del conflicto, y unas rutas de movilización que nos permitan abrir los caminos de la justicia y la paz. Mientras llegan estos momentos, rechazamos la guerra del capital, y demandamos redistribuir el presupuesto destinado para la guerra, de modo que éste se invierta en suplir las múltiples necesidades que agobian a los siempre excluidos y negados.

Potenciar los valores más queridos por la gente que carga con el peso del país real, dándole cuerpo a una ética que respeta y potencia la vida y rechaza la muerte. Cultura que rompa con la opresión patriarcal, cultura de la equidad de género, del respeto y protección de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, por una vida libre de violencias. Valores y ética que se oponen a aquellas decisiones del poder que privilegian el lucro sobre el bien común, la especulación sobre la producción real, el logro individual sobre la realización colectiva, el amasar de mercancías sobre su redistribución, la homogenización sobre la diversidad. Cultura de la solidaridad, del complemento, de la producción limpia, de la armonía con la naturaleza, que sabe y entiende que “los más” urgimos de un sistema de comunicación nacional independiente para que nuestras reflexiones y decisiones lleguen a todo el país, para que se hagan cuerpo y movimiento cotidiano.

Nuestra apuesta es sumarnos al torrente de los pueblos de América que se deciden por la libertad, por la libre determinación y el ejercicio de la soberanía.


                                                              


Es obvio que nuestro propósito de hacer un nuevo país y hacer realidad los derechos de la gente, nos ponen en clara oposición con el gobierno de Juan Manuel Santos, que se reclama heredero de la “seguridad democrática”, pero que sobre todo mantiene intacta su intención de seguir entregando el país al capital financiero y a las transnacionales. Entendemos que las diferencias entre el nuevo gobierno y las mafias con que gobernaron los ocho años anteriores, puede llevar incluso a conflictos entre ellos. Será un período peligroso. Intentarán que a cambio de que ellos se distancien de las mafias, nosotros aceptemos la continuidad del saqueo y la invasión de nuestros territorios. Entre tanto seguirá la judicialización de las luchas populares, el recorte de los derechos sociales, la desterritorializacion del país, la transformación de Colombia en una inmensa zona franca donde vale más la ley comercial que el interés público y la dignidad.

El nuevo gobierno dice ser de “unidad nacional”.  Es claro que se trata de unir a todos los sectores de las viejas oligarquías para tratar de restablecer en parte el desastre dejado por el uribismo en materia de polarización interna y aislamiento internacional. De paso quieren cooptar a algunos líderes populares para detener la movilización social. Nada dicen de cumplir sus obligaciones como Estado en materia de los derechos sociales, económicos, culturales, ni de los miles de acuerdos firmados con el movimiento popular, los campesinos, los indígenas y afrodescendientes, los sindicatos y los pobladores de las ciudades, incumplidos año tras año.

Reconocemos que el clima de intolerancia cotidiana que había impuesto Uribe Vélez ha mermado en el nuevo gobierno. Vemos que mientras tanto mantiene la misma agenda económica contra las regiones, contra la soberanía nacional y contra las clases trabajadoras: raponazo a las regalías, ley de ordenamiento territorial sin consulta con los indígenas y afrodescendientes, tratados de libre comercio como pan de cada día, privatización acelerada de los servicios públicos, persecución a las economías campesinas y a los pequeños mineros. Los proyectos de las transnacionales en minería, energéticos y de infraestructura, siguen invadiendo nuestros territorios, sustento de nuestras culturas y de nuestra soberanía alimentaria.

El Congreso de los Pueblos ha determinado que es urgente concentrar nuestros esfuerzos en darle cuerpo a una intensa acción social, política, cultural, espiritual. Nos convocamos a movilizarnos en torno de los grandes desafíos del momento, entre los cuales resaltamos los siguientes:
Por la defensa de los territorios, los recursos naturales, el medio ambiente y la vida digna, contra el despojo. 

Por el derecho a la tierra y la reparación a las víctimas.

Por la solución política del conflicto, contra la militarización de la vida y los territorios.

Por el ordenamiento democrático del espacio urbano, contra el sometimiento de las ciudades a las lógicas de acumulación privada. 

                    
Sobre estos y otros variados temas, el Congreso de los Pueblos empieza a deliberar. Su sesión de instalación organizó el trabajo que realizaremos por todo el país, en todas las organizaciones y comunidades, en el país pleno, para darle forma durante los próximos años a ese Mandato. El país es de los de abajo, y entre todos y todas iremos tejiéndolo. Con la persistencia de todas y todos los concitados por el ánimo de una Colombia diferente de la que hoy tenemos, llevaremos adelante las deliberaciones aquí iniciadas a todos los rincones, para escuchar y retomar los anhelos de los nunca escuchados y siempre negados, esforzándonos en hacer ley y poder lo que hoy apenas es un sueño.

Entre tanto, sesionaremos por líneas sectoriales y temáticas. Convocamos a los Congresos regionales de los Pueblos para iniciar las discusiones y la acción conjunta. Superaremos la dispersión que hoy caracteriza las luchas de resistencia, con nuestras manos siempre dispuestas a anudar esfuerzos y proyectar en forma conjunta el quehacer con otras experiencias sociales alternativas.

Para hacerse realidad, y sabiendo que es proceso, este Congreso de los Pueblos constituye una mesa de trabajo integrada por todas las organizaciones y procesos que hicieron presencia en su primera sesión de instalación que hoy termina, dejando el espacio abierto para todas las dinámicas organizadas que resuelvan llegar. Y cita a unas y otras a encontrarse en no más de 30 días en Bogotá, con el propósito de estructurar ordenada y puntualmente las decisiones tomadas en su primera sesión.

Al mismo tiempo, estimula a la diversidad que lo ha constituido, para que se despliegue por todo el país con ánimo deliberativo y de acción. Seguiremos aplicando nuestros principios de trabajo: desde abajo, entre todos y todas, alrededor del fogón, dialogando y buscando que la palabra transparente y justa sea la que lleve nuestro mensaje y nuestra decisión. Diagnosticar, reflexionar, unir, hacer, transformar, son algunos de los verbos llenos de contenido que deben orientar el esfuerzo de todas y todos los congresistas.

Mientras este momento llega, y por ahora, lo más importante es que salimos de esta primera sesión del Congreso con el convencimiento de que estamos legislando, que estamos construyendo nuestro propio sistema político desde las comunidades y organizaciones de base. Que lo haremos porque es nuestra tarea, y porque los ricos y poderosos no lo harán. Somos los pueblos, las comunidades, las organizaciones populares, quienes sacaremos al país de este lugar terrible al que lo han llevado los líderes históricos y nuevos del establecimiento.

Proponemos al país poner de nuevo en la agenda nacional la urgencia de superar el conflicto. Respaldamos a las personas, comunidades y organizaciones que día a día realizan hechos de paz, y rechazamos su criminalización. De nuevo exigimos a los actores armados el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario.

Mostraremos en los hechos que estamos por la democracia popular, la soberanía, la lucha contra el capital, por la vida digna, la paz y la justicia. Que los pueblos de Colombia somos el país;  que la unidad es posible y que la estamos tejiendo.
Que el país de abajo legisle.
Que los pueblos manden.
Que la gente ordene el territorio, la economía y la forma de gobernarse.
Que camine la palabra. 


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